jueves, 19 de febrero de 2015

La responsabilidad social ante las desigualdades sociales

Las desigualdades sociales pueden ser objeto de las diferencias de capital humano, económico y social.

Humano en cuanto a desigualdades corporales (físicas o intelectuales) en forma de minusvalías o discapacidades. Económicas en cuando las diferentes capacidades para allegar los recursos necesarios para disponer de los bienes suficientes que permitan vivir con dignidad. Sociales en cuanto a las diferencias provocadas por el deficiente ordenamiento social de una colectividad, sea por ser originario de zonas no desarrolladas, o depravadas como consecuencias de la dilapidación de las materias primas por entidades ajenas a la colectividad, sea por una distribución injusta de las propiedades de la tierra, etc.

También en este terreno los derechos fundamentales son de todos los ciudadanos y las condiciones para tener acceso a una calidad de vida digna, debieran ser asequibles a todos ellos. Y la responsabilidad de poner los medios para que dichos derechos se puedan ejercer corresponde a los poderes públicos.

Esta responsabilidad social de las instituciones públicas se enmarca en el terreno de la justicia retributiva, distributiva y contributiva, pero la realidad se empeña en mostrarnos que siguen existiendo desigualdades sociales a las que no puede, no quiere o no alcanza la acción social “gubernamental”.

Es por ello que otras organizaciones sociales intentan responder a algunos de los problemas y necesidades e incidir sobre las causas que las generan. Y es en este terreno donde se dan, con mayor medida, respuestas por parte de las organizaciones “no gubernamentales” ante las desigualdades generalmente provocadas por una incorrecta ejecución de los principios de justicia social por parte de las entidades “gubernamentales”.

Podríamos decir que es responsabilidad social de dichas entidades (ONGs), en la medida que se involucran en asumirla, la sociedad así lo reconoce y por ello aporta recursos (oficiales y particulares) para que dichas entidades puedan llevar a cabo sus actuaciones sociales.

Para responder ante estas desigualdades, las organizaciones que se involucren en ellas deberían:

  • Fijar una clara misión de acción de respuesta a los problemas y necesidades sociales.
  • Asegurar la coherencia entre la misión fijada (su identidad) y las obligaciones y compromisos que de ella se derivan con las partes interesadas: gestión de recursos, voluntarios, trabajadores, destinatarios, etc.
  • Perseguir la eficacia en el cumplimiento de su misión.
  • Preservar el equilibrio entre la autonomía propia de la organización y la viabilidad económica necesaria para lograr sus objetivos.


No es suficiente la voluntariedad de la organización social, ni la buena voluntad de sus miembros, es preciso una gestión responsable con criterios y requisitos que garanticen la ética en los procedimientos, la eficacia en la consecución de los objetivos y la transparencia y rendición de cuentas. No vaya a ser que se generen más problemas, por su escasa eficacia o ética, que los que pretende resolver.

jueves, 8 de enero de 2015

La responsabilidad social ante las desigualdades educativas.

Hablar de desigualdades educativas es hablar de las desigualdades reales que existen en la distribución de los capitales humanos, económicos y sociales que afectan a las personas que están en edad de escolarización.

En muchas ocasiones esas desigualdades no son producto de injusticias sociales, por ejemplo en la medida en que hay diversidad de capacidades cognitivas que no son generadas por la sociedad, sino por la misma naturaleza, no podemos decir que haya una injusticia social. Pero en muchos otros casos si son producto de una injusticia social, por ejemplo no disponer de la posibilidad geográfica de acudir a un centro educativo con los mismos estándares de calidad de otras zonas geográficas, porque la sociedad ha decidido no invertir en el desarrollo educativo de determinada zona, y eso sí es una injusticia social.

Cuando hablamos de la responsabilidad social ante las desigualdades educativas, hablamos de ofertar una igualdad de oportunidades, que es hablar de paliar, en la medida de lo posible, las dificultades para desarrollarse completamente como personas de todos los ciudadanos, tengan las diferencias que tengan, que es precisamente el objeto final del proceso educativo, independientemente de su capital humano, económico o social.

Si la educación es un derecho fundamental del ciudadano y la igualdad de oportunidades un principio reconocido como básico por la sociedad, se entiende que es la propia sociedad y sus instancias oficiales, quienes deben velar por el cumplimiento de ese derecho y evitar que surjan desigualdades en ese terreno.

No obstante, existen desigualdades educativas, en la medida que existen desigualdades de capital humano. Hablamos de capacidades cognitivas diferentes, de habilidades corporales distintas, de menores posibilidades de desarrollo sensitivo y motriz, etc., lo que en el lenguaje escolar se define como Necesidades Educativas Específicas o Dificultades de Aprendizaje. Estas no pueden ser “igualadas”, en el sentido de que no podemos, por ejemplo, devolver la vista a un niño ciego, pero sí se debe trabajar sobre estas personas para intentar, en la medida de las posibilidades reales, que ese niño ciego tenga similares oportunidades de incorporación a la sociedad como todos los demás niños de su edad. Este tipo de desigualdades habitualmente se compensan desde las instituciones educativas que asumen la responsabilidad social que se deriva de ellas, a través de propuestas de Atención a la Diversidad y atención a las Necesidades Educativas Específicas y reguladas por la Ley.

Otro tipo de desigualdades educativas son las procedentes de las desigualdades económicas y sociales. Hablamos de desigualdades por zonas geográficas, por procedencia de familias inmigrantes, por desestructuraciones familiares o por falta de recursos económicos para afrontar estudios superiores. También, en la medida que se han consagrado los principios del Derecho a la Educación y la Igualdad de Oportunidades, deben ser las instituciones educativas quienes sean las responsables sociales de paliarlas. Para ello se establecen programas de Educación Compensatoria, Transporte y Comedor Escolar, Becas, etc., que habitualmente están previstas por la legislación.

No obstante, a pesar de las actuaciones bajo la responsabilidad social de las instituciones educativas, siguen existiendo desigualdades educativas, muchas de ellas que se manifiestan fuera del ámbito escolar o una vez finalizada la edad obligatoria de escolarización. Aunque también sobre estas procuran las instituciones sociales asumir cierta responsabilidad, realmente deben ser otras organizaciones sociales “no oficiales” quienes trabajen para paliar las consecuencias, unas propias del terreno educativo y otras en las que entramos en el terreno de las desigualdades sociales y laborales.


Por ejemplo mi hija está colaborando como voluntaria en Cáritas, ayudando en las tareas escolares con niños y niñas con escasos recursos, incluso aportando algunos alimentos para que merienden adecuadamente a la vez que realizan sus deberes escolares, es una buena forma de poner un grano de arena en su responsabilidad social como ciudadana para paliar ciertas desigualdades educativas.

lunes, 22 de diciembre de 2014

FELIZ NAVIDAD EN FAMILIA

Quisiera desear con todo mi corazón una feliz Navidad a quienes lean estas letras y, muy especialmente, a aquellas personas que en sentido muy amplio se pueden considerar de "la familia".

Es que la familia, se quiera o no se quiera, se vea o no se vea, es la primera institución y la base y fundamento de todas las demás que conforman una sociedad. Por ello y por extensión, denominamos la familia del colegio a toda la comunidad educativa de determinado centro docente, llamamos la familia del pueblo a todos los vecinos de una población, nos referimos a la familia de un club deportivo integrando en ella a todas las personas que son asociadas de esa entidad, etc. Y los estudios sociológicos acaban afirmando que la institución más valorada por la “gente” es la familia.

Me vienen a la memoria las palabras de un sacerdote sabio y santo (D. Emilio) que me dirigió la tesis doctoral y con el que solía hablar frecuentemente. En unos momentos delicados e inciertos de mi vida profesional y personal, me repetía con insistencia: “no mires hacia atrás, mira hacia adelante, mira a la Virgen, dile que te prepare un camino seguro”.

A lo largo de la historia han sido numerosas las personas que aconsejan acudir a María en los momentos delicados. Precisamente ahora “la familia” está atravesando unos momentos delicados y el Papa (por inspiración del Espíritu Santo) anima a cada uno de los cristianos a que “estudiemos” la situación de la familia, y para que la veamos con mayor claridad y actuemos en consecuencia, nos aconseja mirar a María.

Nos espera un año 2.015 apasionante en relación con la familia, directa o indirectamente podremos aportar nuestro grano de arena al Sínodo sobre la familia previsto para el otoño, en ocasiones proponiendo nuestra visión y nuestras consideraciones, o simplemente acudiendo a María para que “no miremos hacia atrás, para que miremos hacia adelante, miremos a la Virgen y le digamos que prepare un camino seguro a la familia”.


Feliz Navidad.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Modos de ejercitar la responsabilidad social

Para ejercer la responsabilidad social es preciso una participación activa en la comunidad con el fin de impulsar el desarrollo a través de soluciones que mejoren la calidad de vida de los miembros de la propia sociedad. Dicha participación debe darse a título individual de dos maneras:

1.- Ejercitando las propias responsabilidades personales, familiares, laborales o de comunidad que se desarrollan en la vida cotidiana, con una implicación personal por aportar soluciones para que de dicho ejercicio resulte alguna mejora en la sociedad.

2.- Involucrándose personalmente, en mayor o menor grado, en alguna organización o entidad social que lleve a cabo proyectos de mejora para la sociedad.

También por su propia naturaleza, toda entidad o comunidad lleva a cabo proyectos que repercuten en la propia sociedad, por tanto de ellas se desprende una responsabilidad social que, además de cubrir los objetivos que le son propios por su naturaleza, debe aportar acciones, no solo que respeten el entorno material y humano, sino que conlleven alguna mejora para la propia sociedad de la que forman parte. Mejoras para el propio medio ambiente o entorno natural en el que ejercitan sus actuaciones, mejoras educativas y de formación para sus empleados y personal relacionado con ellas, y mejoras para el desarrollo del entorno social de su ámbito de influencia.

De este modo en el año 83 las Naciones Unidad acuñaron el término desarrollo sostenible y a partir de él, se han empezado a utilizar conceptos como:
  • Desarrollo sostenible.- Una responsabilidad de cualquier miembro de la sociedad, sea de modo individual o colectivo, que conlleva que su quehacer no sólo no destruya los medios naturales, económicos y sociales ya existentes, sino que los proteja y potencie.
  • Responsabilidad Social Empresarial.- Un término similar al anterior referido a la responsabilidad de las empresas, que deben contribuir activamente al desarrollo económico, social y medioambiental de la sociedad a través del ejercicio de sus funciones productivas.
  • Empresa Socialmente Responsable.- Cuando una empresa decide someterse a las normas y estándares fijados por alguna entidad acreditadora y obtiene dicha certificación por ser una empresa social, económica y ambientalmente responsable en su actividad productiva. Este concepto está muy ligado a la imagen que la empresa quiere dar al exterior.
  • Responsabilidad Social para la Salud.- Compromiso de actuar de forma que con dichas actuaciones no sólo no se dañe la salud de las personas, sino que se evite la utilización de materiales potencialmente dañinos o que puedan perjudicar el ambiente natural.
  • Responsabilidad Social en el Tercer Sector.- La responsabilidad y compromiso con el desarrollo social que adquieren específicamente las entidades cuyo ámbito de acción es precisamente la Acción Social y la Cooperación al Desarrollo.
El modo de ejercitar esta responsabilidad social, podemos decir que se produce de dos formas:
  • Hacia adentro.- Todas las actuaciones relacionadas con el gobierno y gestión de la propia entidad deben contemplar una responsabilidad social acorde a sus compromisos y obligaciones con las partes internas, ya sean socios, trabajadores, etc.
  • Hacia afuera.- Todas las actuaciones relacionadas con la actividad propia de la organización y el modo de gestionarlas deben contemplar una responsabilidad social acorde a sus obligaciones y compromisos con las partes externas, ya sea la propia sociedad a la que se dirigen, el medio ambiente, sus clientes, etc.
Por el contrario, lo que no se debe hacer para ejercer la responsabilidad social, o los siete pecados capitales en responsabilidad social (Brundtland, Gro Harlem, Our Common Future: From One Earth to One World, 198, pág. 16.), serían:

1. Incongruencia.- La poca o nula relación coherente entre lo que se dice y lo que se hace como persona, empresa o gobierno.
2. Improvisación.- La falta de conocimientos y experiencia en el terreno social de muchos de quienes ejecutan programas destinados al desarrollo de grupos vulnerables, acciones en beneficio del planeta o acciones benéficas para los colaboradores de una empresa.
3. Engaño.- Usar la Responsabilidad Social como máscara de bondad montando todo un espectáculo y parafernalia lo suficientemente emotivos, que persuadan hasta el convencimiento a la sociedad en apoyo a alguna causa, cuando en realidad son otros los intereses.
4. Crisis.- Es el pretexto ideal para deshacerse de personal o restringir o eliminar la ayuda a grupos del tercer sector.
5. Soberbia.- Creer que nuestra causa es la mejor del mundo y así transmitirlo. Ser soberbio es discriminatorio al ver otras causas como algo sin importancia.
6. Política.- Hacer mal uso del poder para allegarse de recursos que en primera instancia estaban destinados a programas de desarrollo social, y beneficiarse a sí mismo. Usar la Responsabilidad Social como bandera para ganar votos y no como legítimo interés de los gobernantes por fomentar el progreso y el bienestar del país. Si una causa se politiza, lo más seguro es que no se logren los objetivos.
7. Deshonestidad.- No transparentar nuestras operaciones cuando lideramos programas sociales. Hacer uso de la Responsabilidad Social para allegarnos recursos económicos o en especie para nuestro propio beneficio.


Hemos expuesto algo básico, la responsabilidad ante la sociedad que tenemos cada persona y el modo de ejercitarla, que habitualmente consiste en responsabilizarnos bien de nuestra propias tareas, porque éstas siempre tienen una repercusión social. Dejamos para más adelante otros planteamientos, como involucrarse en proyectos educativos, sociales o laborales.

lunes, 17 de noviembre de 2014

El sujeto de la responsabilidad social.

Una vez determinado qué es la responsabilidad social, la pregunta siguiente sería ¿quién tiene esa responsabilidad?, ¿quién es el sujeto responsable socialmente?, ¿quién debe identificar los problemas y aportar soluciones? La respuesta evidentemente debe ser “la propia sociedad”, pero la sociedad la conformamos tanto los grupos sociales (comenzando por la familia) como los individuos considerados uno a uno. Por tanto hacemos referencia como sujetos de la responsabilidad social, tanto a las instituciones sociales como a los individuos que conformamos la sociedad.

Quien tiene el deber de ser responsable socialmente, tiene el deber de tomar decisiones responsables, de participar responsablemente en la construcción de la sociedad y de fomentar y respetar los valores humanos establecidos por la propia sociedad: Derechos Humanos y Libertades Fundamentales. En definitiva estas acciones son propias tanto de las personas individuales como de las instituciones u organizaciones sociales, ya sean estas constituidas orgánicamente por quienes gobiernan la sociedad, o sean compuestas libremente por iniciativa de sus ciudadanos.

Por tanto el primer sujeto de la Responsabilidad social es el propio ciudadano individualmente considerado. Así, cada persona, miembro de la sociedad, tiene la obligación moral de actuar libre y responsablemente realizando acciones encaminadas a la decisión de cómo debe construirse la sociedad, a la participación en su construcción de acuerdo a los parámetros básicos humanos de los que ésta se ha dotado y a la de fomentar, respetar, defender y velar por el justo cumplimiento de los valores establecidos.

Por otro lado, y presumiblemente en mayor grado, serán sujetos de responsabilidad social las instituciones oficialmente constituidas para decidir y actuar en la construcción social de la mejor manera posible, siempre acorde a los principios sociales determinados por las estructuras sociales. Hablamos de los poderes públicos: Legislativo (que debe especificar cuál es el Estado de Derecho de los ciudadanos), el Ejecutivo (que deberá ejecutar las normas para que el Estado de Derecho sea efectivo) y el Judicial (que interpretará la adecuación de los individuos e instituciones al Estado de Derecho en casos de conflicto).

Dentro de las organizaciones “gubernamentales” u oficiales propias de los poderes públicos, destacará la Escuela (en términos amplios, es decir cualquier institución o centro de enseñanza y formación) como responsable socialmente. La Escuela tendrá precisamente la responsabilidad de “educar en la responsabilidad” a los ciudadanos, que les capacite para poder decidir, participar y ejecutar sus responsabilidades sociales dentro del Estado de Derecho. En el siguiente escalón de responsabilidad social se encontrarán los Servicios Sociales, ejecutores de la responsabilidad social que emana de las estructuras gubernamentales. En el tercer escalón estarán las demás instituciones “oficiales” cada una en el grado que le corresponda.

Por otro lado nos encontraremos como sujetos de la responsabilidad social, a todo tipo de organizaciones que operan en la sociedad: educativas, empresariales, políticas, sindicales, sociales, etc. Y estas asumirán en mayor o menor grado la responsabilidad social, según su finalidad propia, pero todas ellas, sin lugar a dudas, deberán asumir parte de la responsabilidad social que, como entidades miembros de la sociedad, les compete.


En definitiva los sujetos de la responsabilidad social, entendida esta en los términos que vimos anteriormente (deber de actuar para solventar necesidades reales de las personas que forman parte de la sociedad), los somos todos: individual y colectivamente.

martes, 4 de noviembre de 2014

La responsabilidad social.

El concepto de responsabilidad que ha ha ido calando en nuestra sociedad occidental desde hace miles de años, está muy unido a la culpa por la mala actuación o pecado, propia del judaísmo y que se encuentra explícita en la Biblia (“Este proceder hizo caer en pecado a la casa de Jeroboam y fue causa de su perdición y su exterminio de sobre la faz de la tierra”. I Reyes 13, 34). De esta forma, el concepto negativo de responsabilidad hace que se vea al responsable como quien carga sobre sí con una condena. Así la pregunta “¿quién es el responsable?” es sinónima de “¿quién es el culpable?” y por tanto cae sobre él toda la carga de su culpabilidad y es condenado.

También a lo largo de las épocas antiguas, medievales e incluso modernas, la responsabilidad de las personas estaba muy ligada al premio o castigo posterior que se derivaría de sus acciones, haciendo especial hincapié en las consecuencias mortales (del alma) cuando estas acciones fuesen graves pecados. No es de extrañar que durante siglos y hasta nuestros días, el término popular de responsabilidad siga estando muy unido al de culpabilidad de la tradición judeo-cristiana, de ahí que sea tan frecuente “buscar al culpable” cuando existe un problema, como sinónimo de “buscar al responsable” o causante de dicho problema.

Desde la filosofía clásica la responsabilidad, no se fijaba tanto en la condena que podía recaer sobre la mala acción de las personas, sino que estaba íntimamente unida a la actuación libre de cada persona. En la medida que somos libres, somos responsables de nuestra actuaciones, por tanto asumimos las consecuencias derivadas de ellas, sean estas positivas o negativas. En este sentido la responsabilidad es una consecuencia de nuestra libertad.

Poco a poco se fue dando la vuelta al término responsabilidad hacia un lado diferente, y sin duda ayudaron a ello las reflexiones de la moral kantiana, que conjugaba la responsabilidad como el cumplimiento del deber, así la responsabilidad es la cualidad de la persona que es consciente de las obligaciones y actúa conforme a ellas. En este sentido la pregunta ¿quién es el responsable? es sinónima de ¿quién tiene la obligación de realizarlo?

El concepto de responsabilidad que se desprende del diccionario en la actualidad, es la “capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente”, acercándose a la idea de la filosofía clásica de que la responsabilidad es la obligación de dar cuenta de las consecuencias derivadas de los actos libres.

Pero si al concepto responsabilidad le añadimos el adjetivo "social", parece que hablamos de otra cosa. A lo largo de la historia antigua, los males sociales eran más fruto de los malos espíritus, de castigos por actuaciones de sus antepasados, etc. Por lo que no se suponía que pudiese haber una respuesta entre los hombres, eso era cosa de dioses y de la naturaleza, y por tanto prácticamente nadie asumía una responsabilidad social ante las desgracias de los demás.

Con la llegada del cristianismo y su expansión en la civilización occidental, el concepto de responsabilidad sí que adquiere un carácter social. En este caso se trata de ser responsables en cuanto al deber de actuar sobre los demás de forma correcta (“tratad a los demás como queráis que ellos os traten a vosotros” Mateo 7, 12), que posteriormente se va concretando en la ayuda, por parte de personas e instituciones, para cubrir las necesidades o carencias de otras personas. Así la responsabilidad sobre los males de las personas (la responsabilidad social), la asumen los cristianos más comprometidos con su fe, los religiosos y religiosas que atienden durante siglos, prácticamente en exclusiva, a los “desheredados” de la sociedad.

En términos modernos, la responsabilidad social podríamos decir que la acuña Hans Jonas como el deber primario del hombre, que reside en asegurar el futuro de la Humanidad, la permanencia de la vida humana auténtica en la Tierra. Habermans da un paso más y señala que no se trata sólo del deber de supervivencia del género humano, sino de la construcción de las estructuras y contextos sociales para que todos puedan participar en igualdad de oportunidades y derechos en el discurso, determinación de necesidades, defensa de sus intereses y búsqueda de soluciones justas para todos.

Actualmente se utilizan definiciones más concretas y que nos puede resultar de mayor utilidad, por ejemplo esta de Viteri: “Responsabilidad Social es el compromiso de identificar los problemas de interés público como: medio ambiente, pobreza, desigualdad de ingresos, atención de salud, hambre, desnutrición y analfabetismo y, que compete a todo tipo de organizaciones (empresa, estado, universidad), para emprender acciones que generen impactos positivos en la sociedad, con el aporte de soluciones basadas en la transparencia, pluralidad, sustentabilidad y ética, siendo la meta el desarrollo sustentable del ser humano y su entorno”. (Jorge Viteri Moya. Responsabilidad social. Enfoque 1: 90-100. 2010. Quito, Ecuador. Universidad Tecnológica Equinoccial).

No voy a dar una definición de responsabilidad social, pero sí quisiera volver hacia la que se desprende del Evangelio, que viene a decir que serán "benditos de Dios Padre" quienes actúen libremente: dando de comer al que tiene hambre, dando de beber a quien tiene sed, vistiendo a quienes están desnudos, dando cobijo a quienes no disponen de él, visitando a las personas que están enfermas, yendo a ver a quienes están en la cárcel.

Al final la responsabilidad social parece que es una cuestión personal, y no sólo de las estructuras, para empezar podemos ir ejerciendo las acciones señaladas en el Evangelio, lógicamente traduciendo las situaciones a nuestra realidad social de hoy.

Seguiremos pedaleando sobre ello en una próxima ocasión.

miércoles, 16 de julio de 2014

Diferentes visiones sobre las funciones sociales de la educación.

Función social, es la contribución que aporta un elemento a la organización o a la acción del conjunto del que forma parte. Así pues función social de la educación es su aportación como institución educativa a la organización y a la acción del conjunto de la sociedad, entre lo que cabe ser reproductora del modelo social y ser precursora del cambio en el modelo social.

Algunas de estas funciones están claramente especificadas en las Leyes y normas de la sociedad, diríamos que son “manifiestas”, es decir son conocidas e intencionadas. Por su parte algunas otras son “latentes”, es decir desconocidas u ocultas. Entre las primeras podemos señalar la socializadora, la formativa, la académica (la que procura enseñanzas técnico instrumentales). Entre las segundas pueden estar el sometimiento a ciertas normas, la inculcación de determinados valores y creencias.

Aunque ya lo hemos destacado desde un principio, son diferentes las posturas de los diversos autores en torno a las funciones sociales de la educación. Vamos a señalar las siguientes:

COMTE.- Comte elabora la Ley de los Tres Estadios, en la que señala que la sociedad ha evolucionado en tres fases: la teológica, la metafísica y la positivista. Para él es preciso renunciar a la teológica y metafísica para quedarse en la positivista, es decir en que es el conocimiento quien puede transformar la sociedad. De esta forma apuesta por una educación popular. Comte es contemporáneo de las revoluciones industriales (primera mitad del siglo XIX) y pretende superar las teorías sociales de la revolución francesa.

MARX.- Marx va más allá de la superación del Antiguo Régimen y de la Revolución Francesa, es la propia organización social capitalista generadora de desigualdades y aboga por el control de sociedad por las clases populares y obreras. En este sentido aboga por una escuela pública, laica y gratuita controlada por las clases trabajadoras. Marx es posterior a las revoluciones industriales de la mitad del siglo XIX.

DURKHEIM.- Es considerado el primer sociólogo de la Educación, para él la Sociología debe estudiar los hechos sociales como cosas con base social, de este modo estudiar lo que son y deben ser las instituciones pedagógicas, sería el objeto de la Sociología de la Educación, que ayudaría a los maestros a realizar un análisis científico de la educación y a establecer nuevos criterios de actuación pedagógica. Abogó por el estudio de las instituciones educativas y sus funciones dentro del papel socializador que tienen. Durkheim está a caballo entre finales del siglo XIX y principios del XX.

WEBER.- Weber apostó por la vocacionalización del conocimiento, de forma que el saber empírico conlleve el estudio de cómo mejorar aspectos de la sociedad y ponerlos en práctica. Apuesta por la modernización (no como adaptación a la evolución de la sociedad capitalista sino cómo dotar de sentido a las propuestas educativas que funcionan) y por la eliminación de la burocratización de la sociedad y por ende de la escuela. Weber es de principios del siglo XX.

AÑOS 70.- Tal vez los años 70 fueron el despertar de los debates en torno a las funciones sociales de la Educación. El gran debate desatado fue sobre la influencia de la escuela ante las desigualdades sociales, desde quienes minimizaban esa influencia, hasta quienes veían que claramente contribuía a su superación. También entre quienes creen que la Escuela reproduce exactamente las clases sociales que se dan en la sociedad y quienes creen que desde la Escuela pueden superarse las clases sociales.

HABERMANS.- Este sociólogo contemporáneo es el más citado en la actualidad, su aportación fue la Teoría de la Acción Comunicativa, en la que expone la importancia del conocimiento a través del diálogo y la interpelación comunicativa entre las personas. De ella han surgido, entre otras metodologías, la “Comunidades de Aprendizaje”.


Como decía al principio, la incidencia de la educación en las personas puede ir en dos sentidos, que a mi entender no son contrapuestos: puede reproducir los modelos sociales para que el individuo se ajuste a la sociedad en la que convive, y puede ayudar al individuo a ser agente de un cambio social, de aquello que en la sociedad es menos humano y conviene transformar. Apuesto porque los dos estén presentes en la educación.